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Lo que no hemos aprendido

Lo que no hemos aprendido

Después de más de quince meses y más de tres millones de muertos, parece que no está muy claro , que hayamos aprendido algo, de esta pandemia que todavía nos asola.

Inicialmente lo tomamos como una película de Hollywood, donde un “bicho malo”se había empeñado en sacarnos de la faz de la tierra y teníamos que luchar como uno solo para vencerlo.

Poco a poco los científicos más reputados del mundo, nos contaban que los virus son restos de nuestro genoma y que forman parte del delicado equilibrio de nuestra salud.

Al parecer, lejos de querer liquidarnos, nos avisan de que nos estamos descuidando y que nuestro sistema inmune, empieza a hacer aguas.

Es curioso, pero hasta el más bruto de mi pueblo, sabe que si a su coche le echa gasolina sucia y de mala calidad, se va a averiar. Sin embargo en cuestiones de salud, nos comportamos como auténticos analfabetos.

Si respiramos aire contaminado, nos alimentamos de comida basura y hacemos de nuestra vida, una película de miedos, estrés y ansiedad, no sabemos qué estamos condenados a enfermar.

El caso es que no hemos aprendido demasiadas cosas importantes.

Nuestros jueces de lo social, no han aprendido que no deben dejar en la indigencia a un inmigrante que ha estado atendiendo a nuestros mayores, mucho mejor que sus propios hijos, por un defecto de forma, ya que en vez de presentar su denuncia en plazo, le preocupó mucho más, tener un techo bajo el que dormir y un poco de pan para saciar su hambre, por qué de la noche a la mañana le habían dejado en la calle. Pero no querido inmigrante, es mucho más importante presentar tu denuncia a tiempo, aunque te mueras de hambre.  Un mes después de haber protagonizado el rescate de un hombre con movilidad reducida en Dénia, Gorgui Lamine ya no es un héroe sin papeles. Y no esperó a que llegaran los bomberos, ni se preocupó de ver si había un defecto de forma o si iban a detenerle por no tener papeles. Simplemente le salvó la vida.

No hemos aprendido, que si salimos a aplaudir y jalear a nuestros sanitarios por haber puesto en peligro su vida por salvar la nuestra, luego no podemos enviarles mensajes y mostrarles actitudes que indican que no los queremos cerca por si nos contagian.

No hemos aprendido, que ser incivicos y aparcar sólo cinco minutitos en doble fila, si lo multiplicas por mil millones de incivicos, son cinco mil millones de minutitos que hacen un generoso aporte al cambio climático y que molesta al menos a otros tres mil millones de ciudadanos.

Nuestros políticos, no han entendido que son el espejo en el que se mira la sociedad y que si ellos se pelean e insultan, el ciudadano multiplica por tres su mal comportamiento.

No hemos aprendido, que no debemos maltratar a nuestros mayores, por puros intereses económicos y mucho menos por querer recibir más herencia que cualquier otro, teniendo en cuenta que ese dinero les pertenecía y hay que respetar sus últimos deseos.

No hemos entendido, que supremacismo, es dejar morir en el Mediterráneo, en la India, en Birmania, en China, en Rusia, en EE.UU, en África, a millones de personas, que buscan una vida mejor, mientras nos lamentamos por no poder salir de fiesta o a los bares.

No hemos entendido, que les estamos robando el futuro a nuestros hijos, por no saber mirar un poco más allá de nuestras narices.

Bueno parece que no hemos aprendido casi nada. Lo único bueno, en todo caso, es que si una sociedad, que no aporta más que odio, envidia, dolor y muerte, desaparece, nadie la echará de menos.

Mi mayor aprecio y cariño a los cientos de miles de seres que aún creen en la igualdad, la solidaridad y el amor y que luchan sin descanso cada día.

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