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¿Respiramos o nos envenenamos?


Respirar es una función fisiológica, que consiste en extraer oxígeno del aire y devolver co2.

Inicialmente este es un proceso automático, pero cuando el aire que respiramos, está densamente contaminado, nos va enfermando poco a poco haciendo que nuestros órganos se resientan y enfermen. Esto es lo que ocurre en las grandes ciudades, donde la densidad de la contaminación hace que nuestros órganos depurativos, no den a vasto y se acumulen los tóxicos en nuestros pulmones y nuestra sangre, repartiéndose así por todo nuestro organismo.


Si no tomamos medidas, ocurre el efecto “pescadilla que se muerde la cola”. Al respirar aire contaminado, el cerebro entra en alerta y estresa a nuestro sistema nervioso central, provocándonos hiperventilación. Al tomar más aire también tomamos más contaminantes, con lo que nuestro cerebro utiliza alarmas más fuertes, ansiedad, estrés, depresión, etc, para incitarnos a tomar medidas que resuelvan la situación.

Si no la resolvemos el cerebro nos seguirá enviando alarmas cada vez más preocupantes, hasta que llegue el momento en que la enfermedad aparezca con toda su crudeza ( por ejemplo el caso de los fumadores a los que se les detecta cancer de pulmón) y resolverlo se vuelve una tarea titánica y dolorosa, tanto para quien lo sufre como para su entorno más cercano.


La manera más sencilla de evitar estas situaciones, es la MADUREZ (característica de la persona, por la que evita tomar decisiones hoy, que mañana le van a suponer un problema importante).
Una buena decisión hoy, puede ser aprender a respirar correctamente, para que nuestro cerebro se relaje, nos ayude a tomar decisiones correctas y podamos disfrutar de una calidad de vida y una salud, excepcionales.
Piénsalo, es tu decisión. No imaginas lo que tu respiración puede hacer por ti.

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