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“Podremos diagnosticar un cancer antes de que aparezca, el reto será curarlo”

Álvaro Rodríguez-Lescure, presidente de los oncólogos, alerta del atraso histórico de la investigación de esta enfermedad en España y del impacto de la pandemia en el tratamiento de los tumores Interesantísimo artículo, que me lleva a la siguiente reflexión: Hay algún científico suficientemente crítico, como para pensar que el método utilizado puede no ser el correcto En la historia de los grandes descubrimientos científicos, un gran porcentaje de ellos se han debido a la casualidad. A casi todos los descubridores se les a tachado inicialmente de desequilibrados y se les ha negado la ayuda, hasta que no han conseguido demostrar su teoría. Los grandes descubrimientos, siempre han estado ahí, esperando que alguien los descubriera y siempre se ha conseguido, saliéndose del camino trazado. Nuestro cerebro es espectacular, con unas capacidades inimaginables. Sin embargo nos empeñamos en encauzarlo, en dirigirlo hacia nuestras creencias y convencimientos, en vez de dejarle expandirse y desarrollar todo su potencial. Los problemas más complejos los enigmas más opacos, los tiene resueltos nuestro cerebro, sólo tenemos que ser capaces de entenderlo, pero hoy por hoy, nos comportamos como el alumno que quiere enseñar a su profesor. Desde el inicio de los tiempos, el hombre ha ido aprendiendo de la contemplación de la naturaleza y ha ido comprendiendo su perfección y su equilibrio. Pero ha llegado un momento de barbarie intelectual, en el que hemos creído que el saqueo de los recursos y del equilibrio de la naturaleza, nos podía hacer más fuertes y hemos convenido una serie de reglas, de modus vivendi que se alejan por completo de la lógica de la vida. Las hermanas Wachosky lo plasmaron de manera magistral en Matrix. Lo que se ve, puede ser muy engañoso y si cambias el ángulo de visión, completamente diferente a la primera imagen que tomaste. Nuestro cerebro, necesita fundamentalmente, de un alimento, de un mana esencial para la vida, el oxígeno. Si recibe suficiente oxígeno, todo funciona, entra en una toma correcta de decisiones, cuyo fin es que seamos felices, así de sencillo. Para conseguir el valioso y necesario oxígeno, recurrimos a nuestra función respiratoria, de una manera fundamentalmente automática, porque nuestro medioambiente, casi siempre ha sido saludable, excepto en determinadas ocasiones, como cuando se extinguieron los dinosaurios por ejemplo o en casos de erupciones volcánicas.. El gran problema está ahí, como nuestro medioambiente se ha vuelto tóxico y peligroso y seguimos respirando automáticamente, modificamos el microclima de nuestros pulmones y no conseguimos liberar el oxígeno necesario para vivir de una manera sana y equilibrada. Si nuestro cerebro no consigue el oxígeno necesario, acciona todas sus alarmas, miedos, estrés, ansiedad, angustia y entra en una toma incorrecta de decisiones, comandada por las emociones. En esta “tormenta perfecta”, difícilmente vamos a investigar bien, socializar bien, vivir bien, etc, si la premisa más importante que es tener un medioambiente saludable, no se cumple. El gran descubrimiento de nuestra era, está ahí, esperando a que lo descubramos y es respirar de manera saludable, para que nuestro cerebro tome las decisiones correctas, que nos permitan vivir con Salud y calidad de vida. No imaginas lo que tu respiración puede hacer por ti. Además es gratis y la llevas de serie. www.resetlifeapp.com  

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El poder sanador de la respiracion

Realizamos unos siete millones de respiraciones al año. Aunque la mayor parte del tiempo sea un acto inconsciente, podemos controlarlo e influir en nuestros estados emocionales  El coronavirus ataca los pulmones y puede causar daños importantes. Cuando una de las funciones más críticas del organismo se ve amenazada, nuestro sistema respiratorio activa la alerta roja. El hecho de que somos seres que respiramos sin interrupciones significativas, desde el nacimiento hasta la muerte, debe considerarse fundamental. Tomamos alrededor de siete millones de respiraciones por año. Si la esperanza de vida promedio es de 80 años, se suman más de 560 millones en una vida. En salud y en reposo, es algo natural, lo hacemos sin esfuerzo y sin pensar. En el tiempo en que se lee este artículo, se respirará unas 90 veces y se suspirará dos; como explica Jack Feldman, neurobiólogo de la Universidad de California en Los Ángeles, periódicamente generamos suspiros rítmicos para mantener inflados los alvéolos pulmonares. Respirar, como lo hacemos comúnmente, después de todo, es nuestra manera más elemental de lograr sintonía o ajuste. El yo y la respiración están entrelazados: psique significa alma o espíritu, pero también respiración. No solo es esencial para la supervivencia, además tiene una función fundamental en el desarrollo de la autoconciencia. Nuestro yo comienza como un cuerpo que respira. Antes de que podamos hablar, ya estamos respirando. En su ensayo Poesía y respiración contenido en el volumen El arco y la lira el poeta Octavio Paz dice: “Existe una relación indudable entre la respiración y el verso: todo hecho espiritual es también físico”. Para Paz, respirar bien es “una manera de unirnos al mundo y participar en el ritmo universal. Recitar versos es como danzar con el movimiento general de nuestro cuerpo y de la naturaleza”. Si bien la respiración se manifiesta a través de los pulmones, también está presente fuera de nosotros. Con cada intercambio de aire, nos encontramos entretejidos en las corrientes de una presencia envolvente, una atmósfera, de la que somos inseparables y sin la cual nos sería imposible sobrevivir. A pesar de su engañosa simplicidad, se requiere un programa sofisticado para ventilar los pulmones y responder a los desafíos fisiológicos y las condiciones ambientales cambiantes. El aire que respiramos no es constante ni homogéneo, y para detectar estas fluctuaciones, las vías respiratorias utilizan una densa red que se deriva principalmente, pero no exclusivamente, del nervio vago (la complejidad de sus fibras en los pulmones y el diafragma es más intrincada que en otros órganos viscerales). La información que transmite al cerebro se interpreta en gran medida de manera inconsciente. La mayor parte del tiempo no nos damos cuenta de que respiramos, pero cuando algo va mal, o en una atmósfera de intensa ansiedad, la propia respiración es foco de temor. La ansiedad restringe y sofoca la respiración —en latín angustia significa estrechez—, puede volverse extremadamente difícil y amenazar nuestra supervivencia. Sigmund Freud lo observó en la primera paciente del psicoanálisis, Anna O., que manifestaba una tos nerviosa. La respiración impulsa todo lo que hacemos, por lo que su ritmo debe ser organizado cuidadosamente por nuestro cerebro. Una respiración comienza cuando cientos de neuronas se disparan al azar y rápidamente se sincronizan. “Nos sorprendió saber que la forma en que nuestras células cerebrales trabajan juntas para generar el ritmo respiratorio es diferente cada vez que respiramos”, apunta Feldman. “Cada respiración es como una nueva canción con el mismo ritmo”. El circuito es parte de lo que se ha llamado el marcapasos respiratorio del cerebro, porque se puede ajustar alterando el ritmo respiratorio. La respiración lenta y controlada disminuye la actividad en el circuito, la respiración rápida y errática la aumenta, lo que a su vez influye en nuestros estados emocionales. Al respirar a través de la nariz, se produce un flujo cíclico de aire que funciona como interruptor, que enciende la actividad respiratoria del cerebro; se estimula la amígdala o epicentro de las emociones, y se enlaza el hipocampo, que es la sede de la memoria. Así es como, de todas las funciones regidas por nuestro sistema nervioso autónomo, la respiración es la única que podemos alterar conscientemente. Según Stephen Porges, autor de la teoría polivagal, cuando respiramos lentamente y prolongamos la espiración, enviamos señales al cerebro que ajustan la rama parasimpática del nervio vago, lo que disminuye la frecuencia cardiaca, promueve una sensación de calma y nos energiza. Además, modera la activación del sistema nervioso simpático, que causa liberación de hormonas del estrés. “Es una solución sin medicamentos ni efectos secundarios para el estrés y los problemas del estado de ánimo”, proponen Patricia Gerbarg y Richard Brown, especialistas en psiquiatría integrativa, en El poder curativo de la respiración. “El cerebro escucha a los pulmones. Cuando cambiamos nuestro patrón de respiración, cambiamos la forma en que pensamos y sentimos, nos conectamos con nosotros mismos y con los demás”. Escuetamente, como infiere el filósofo Maurice Merleau-Ponty, “hablamos de ‘inspiración’, y el término debe tomarse literalmente. Realmente hay inspiración y espiración del ser”. David Dorenbaum es psiquiatra y psicoanalista.

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Lo que no hemos aprendido

Lo que no hemos aprendido Después de más de quince meses y más de tres millones de muertos, parece que no está muy claro , que hayamos aprendido algo, de esta pandemia que todavía nos asola. Inicialmente lo tomamos como una película de Hollywood, donde un “bicho malo”se había empeñado en sacarnos de la faz de la tierra y teníamos que luchar como uno solo para vencerlo. Poco a poco los científicos más reputados del mundo, nos contaban que los virus son restos de nuestro genoma y que forman parte del delicado equilibrio de nuestra salud. Al parecer, lejos de querer liquidarnos, nos avisan de que nos estamos descuidando y que nuestro sistema inmune, empieza a hacer aguas. Es curioso, pero hasta el más bruto de mi pueblo, sabe que si a su coche le echa gasolina sucia y de mala calidad, se va a averiar. Sin embargo en cuestiones de salud, nos comportamos como auténticos analfabetos. Si respiramos aire contaminado, nos alimentamos de comida basura y hacemos de nuestra vida, una película de miedos, estrés y ansiedad, no sabemos qué estamos condenados a enfermar. El caso es que no hemos aprendido demasiadas cosas importantes. Nuestros jueces de lo social, no han aprendido que no deben dejar en la indigencia a un inmigrante que ha estado atendiendo a nuestros mayores, mucho mejor que sus propios hijos, por un defecto de forma, ya que en vez de presentar su denuncia en plazo, le preocupó mucho más, tener un techo bajo el que dormir y un poco de pan para saciar su hambre, por qué de la noche a la mañana le habían dejado en la calle. Pero no querido inmigrante, es mucho más importante presentar tu denuncia a tiempo, aunque te mueras de hambre.  Un mes después de haber protagonizado el rescate de un hombre con movilidad reducida en Dénia, Gorgui Lamine ya no es un héroe sin papeles. Y no esperó a que llegaran los bomberos, ni se preocupó de ver si había un defecto de forma o si iban a detenerle por no tener papeles. Simplemente le salvó la vida. No hemos aprendido, que si salimos a aplaudir y jalear a nuestros sanitarios por haber puesto en peligro su vida por salvar la nuestra, luego no podemos enviarles mensajes y mostrarles actitudes que indican que no los queremos cerca por si nos contagian. No hemos aprendido, que ser incivicos y aparcar sólo cinco minutitos en doble fila, si lo multiplicas por mil millones de incivicos, son cinco mil millones de minutitos que hacen un generoso aporte al cambio climático y que molesta al menos a otros tres mil millones de ciudadanos. Nuestros políticos, no han entendido que son el espejo en el que se mira la sociedad y que si ellos se pelean e insultan, el ciudadano multiplica por tres su mal comportamiento. No hemos aprendido, que no debemos maltratar a nuestros mayores, por puros intereses económicos y mucho menos por querer recibir más herencia que cualquier otro, teniendo en cuenta que ese dinero les pertenecía y hay que respetar sus últimos deseos. No hemos entendido, que supremacismo, es dejar morir en el Mediterráneo, en la India, en Birmania, en China, en Rusia, en EE.UU, en África, a millones de personas, que buscan una vida mejor, mientras nos lamentamos por no poder salir de fiesta o a los bares. No hemos entendido, que les estamos robando el futuro a nuestros hijos, por no saber mirar un poco más allá de nuestras narices. Bueno parece que no hemos aprendido casi nada. Lo único bueno, en todo caso, es que si una sociedad, que no aporta más que odio, envidia, dolor y muerte, desaparece, nadie la echará de menos. Mi mayor aprecio y cariño a los cientos de miles de seres que aún creen en la igualdad, la solidaridad y el amor y que luchan sin descanso cada día.

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Como atajar la Rinitis alérgica

La rinitis alérgica es una inflamación de la nariz causada por una reacción exagerada del sistema inmunológico a los alérgenos del aire, que en la mayoría de los casos se manifiesta con secreción nasal, picazón en los ojos, congestión, estornudos y presión en los senos nasales. El causante en el 90% de los casos es la hiperventilación (respirar más aire de lo normal) Si respiráramos correctamente, tomaríamos el aire por la nariz, suave y sutilmente, sin que se escuche y lo soltaríamos también por la nariz, creando un flujo de aire que mantendría la nariz ventilada y limpia. Los alergenos serían retenidos en el vestíbulo nasal y los que consiguieran pasar, serían depurados por nuestro sistema linfático. Cuando hiperventilamos, tomamos tres veces más aire del necesario, además con tres veces más de alergenos. Al detectarlo nuestro cerebro, nos cierra los bronquiolos mediante los músculos lisos y sentimos que se nos tapona la nariz. La primera reacción que tenemos al notar la nariz taponada, es respirar por la boca, que permite la entrada de hasta diez veces más de aire, sin filtrar, con lo que ya hemos desatado la tormenta perfecta y nuestro organismo nos lo cuenta, con escozor en la nariz secreción nasal, picazón en los ojos, congestión, estornudos y presión en los senos nasales. La solución más natural y sencilla es aprender a respirar saludable, para mantener nuestra nariz operativa y saber qué hacer cuando nos sobrevengan alergenos, contaminación o cualquier otro irritante que nos pueda generar hiperventilación. Además respirar saludable, va a mantener todo vuestro organismo equilibrado, lejos de la enfermedad y con una salud y calidad de vida excepcionales. No imaginas lo que tu respiración puede hacer por ti. Toma el control y muestra tu mejor versión. www.cursomar.es

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La Mascarilla

Si respiras bien, la mejor mascarilla que existe es la nariz, que filtra, humedece y templa el aire. El problema es que el 95 % de la población respira mal e hiperventila.. En estos casos la mascarilla es esencial, nos ayuda y nos avisa. Cuando más molesta es la mascarilla, es cuándo  hiperventilamos, porque no deja pasar todo el aire que queremos tomar. Lo que debemos hacer es relajar nuestra actividad hasta que nos permita respirar suavemente por la nariz. Si respiramos dos o tres veces más aire del que necesitamos: Modificamos el microclima de nuestros pulmones, alterando nuestro sistema nervioso. Vamos a captar dos o tres veces más aerosoles y por lo tanto la posibilidad de contagiarnos se multiplica x 2 ó x 3. Captamos más cantidad de alérgenos y contaminación, con lo que todavía agravamos más el problema. Generamos mucosidad en las vías aéreas, con lo cual tendemos a respirar por la boca. La boca ni filtra, ni humedece, ni templa el aire y además permite en una bocanada tomar hasta cinco veces mas aire que por la nariz. Esto desata la tormenta perfecta, el cerebro detecta el peligro y te avisa con síntomas de estrés, ansiedad , miedos, etc. Si no lo solucionas los síntomas van a más hasta que enfermas. Ahora que lo sabes, utiliza correctamente la mascarilla, cuando te empiece a agobiar, baja tu ritmo hasta que puedas respirar tranquilamente por la nariz y piensa que la mascarilla es estos casos te ayuda, te avisa de que empiezas a hiperventilar. Recuerda que respiras más de 10.000 veces al día, si lo haces mal enfermas, pero si lo empiezas a hacer bien, vas a alucinar. No imaginas lo que tú respiración puede hacer por ti. www.cursomar.es

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Manual de Buenas Prácticas
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La Verdad

La única verdad es la tuya, en la que tu cuerpo y tu mente están de acuerdo en las acciones que realizas. Cuando lo que haces concuerda con lo que sientes. Todo el resto, todo lo demás, está condicionado por nuestra educación, nuestra familia, nuestro entorno, nuestro estilo de vida. Cuando mientes, tu respiración se acelera, se vuelve brusca. Cuando estás en paz, tu respiración es calmada y sutil, apenas se nota. Esto ya se sabía en culturas ancestrales, hace miles de años. Sabían que debían cuidar su casa, su familia, su pueblo, su medioambiente y utilizar la naturaleza, su entorno, para poder vivir de manera sostenible, de forma equilibrada. Cada vez que esto se incumplía, que se desequilibraba, había una hambruna, una guerra, una calamidad que generaba unas heridas que tardaban siglos en cicatrizar y sumían a la humanidad en periodos oscuros. En esos periodos, el ser humano es mucho más alimaña, que humano. Busca más la debilidad del otro, que la propia fortaleza  humana, con todas sus prerrogativas. Olvidando su esencia de ser social, de necesitar de los demás para seguir avanzando y utiliza el poder , las armas y el engaño para avanzar “a la fuerza”, pero no es lo mismo. Cuando lo que hacemos no coincide con lo que pensamos, nuestro cerebro se aturde y hace una toma incorrecta de decisiones, que nos llevan al estrés, la ansiedad y los miedos. La respiración es el control natural de nuestro organismo, el que nos cuenta con detalle en qué situación estamos y las apneas son el medidor, el dato que entendemos, qué podemos ver, para saber si estamos mejor o peor. Esa posibilidad de medición es esencial, porque las personas tenemos síntomas, que nos indican cuando estamos mal y nos dirigimos a la enfermedad. Pero cuando estamos bien, enseguida nos acostumbramos y al poco tiempo lo normalizamos y queremos estar mejor, pero como no tenemos una valoración lógica, valoramos por comparación con otro que supuestamente está mejor, lo que conocemos vulgarmente como envidia y que nos lleva siempre al desastre. Esta incapacidad de valorar lógicamente, lo bueno que tenemos, nos impide darnos cuenta de la maravilla de vivir en democracia o en un estado de derecho, con todos sus fallos y corruptelas. Nos impide ver lo bueno en los demás. Desanimar y no prestar ayuda a nuestros inventores, científicos, pensadores, creadores, cuando empiezan a desarrollar su proyecto y sin embargo adorarlos cual dioses de barro, cuando consiguen destacar, poniendo mas en valor el descubrimiento, el dinero conseguido o el gol marcado, que la esencia de ser humano. Lo que le condena necesariamente a olvidarse de su humanidad, ya que de nada sirve y ensalzar la capacidad , el gran logro, la heroicidad , de marcar un gol o de salir en la tele, para poco tiempo después ser un juguete roto. Ahí radica la importancia del dato. Que mediante el control y valoración de tu respiración, seas consciente de que eres persona, ser humano y que tienes unas maravillosas capacidades para ser feliz y hacer felices a los demás. Ese es el gran descubrimiento, que está esperando a que lo quieras descubrir. No imaginas lo que tu respiración puede hacer por ti.

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